Sabras…

Sabras...

Sabrás del dolor y de la pena de estar con muchos, pero vacío
Sabrás de la soledad de la noche y de la longitud de los días.
Sabrás de la espera sin paz y de aguardar con miedo.
Sabrás de la soberbia de aquellos que detentan el poder
y someten sin compasión
Sabrás de la deserción de los tuyos y de la impotencia del adiós.
Sabrás que ya es tarde y casi siempre imposible.
Sabrás que eres tú el que siempre da y sientes que pocas veces te toca recibir.
Sabrás que a menudo piensas distinto y tal vez no te entiendan.

Pero sabrás también:
Que el dolor redime.
Que la soledad cura.
Que la fe agranda.
Que la esperanza sostiene.
Que la humildad ennoblece
Que la perseverancia templa
Que el olvido mitiga.
Que el perdón fortalece.
Que el recuerdo acompaña.
Que la razón guía,
Que el Amor dignifica…

Porque lo único que verdaderamente vale es aquello que está dentro de ti,
y por encima de todo está Dios sólo tienes que descubrirlo y así,
hallarás la verdadera Paz.

La soledad es una realidad

La soledad es una realidad

La soledad es una realidad que, por supuesto, puede producirse por diferentes causas y distintos puntos de vista. Sin embargo, hoy me gustaría analizar ese tipo de soledad que es consecuencia de una actitud personal. Así se comportan aquellas personas que ponen un muro entre sí mismas y el resto del mundo. Un muro que es imposible traspasar, sencillamente, porque es uno mismo el que no quita esa barrera.

Lo peor de todo es que las personas que se comportan así dejan pasar de lado a gente buena que se cruza en su camino y que podría hacerle mucho bien. Sin embargo, incluso las personas más perseverantes se cansan en algún momento de esperar algún tipo de reciprocidad, y por qué no decirlo, también de normalidad. La normalidad que surge de una relación interpersonal en la que te vas conociendo poco a poco.

Lo cierto es que estar mal uno mismo no justifica el dar malas contestaciones a los demás, ni tampoco, no saber apreciar los gestos de cariño. Sencillamente, porque todo el mundo tiene sus días buenos, malos y regulares. Es decir, es mejor no ver la realidad únicamente desde el yo para entender que vivir en sociedad, implica hacer esfuerzos.

Las personas que ponen un muro entre sí mismas y el resto del mundo terminan haciendo daño. De forma inconsciente y sin quererlo, pero lo hacen. El hecho de no recibir algo bueno que procede de otra persona ya es doloroso en tanto que supone un rechazo para aquel que se anima a dar y a tomar la iniciativa. Por ello, en el momento en que te encuentres con una persona que directamente, quiere estar sola, o al menos, no hace nada por dejar de estarlo, lo único que puedes hacer es respetar su decisión. Si en algún momento la otra persona se da cuenta de lo que se pierde, entonces, ya vendrá a buscarte.