
Aunque no me veas
Te cuido
Aunque no me sientas
Te toco
Aunque no lo creas,
Te amo
y Aunque a veces lo dudes
siempre estoy a tu lado.

Aunque no me veas
Te cuido
Aunque no me sientas
Te toco
Aunque no lo creas,
Te amo
y Aunque a veces lo dudes
siempre estoy a tu lado.

Lo que Dios tiene preparado para ti, nadie podrá quitártelo. Te dará lo que siempre te perteneció y te pondrá donde siempre debiste haber estado.
Dios cumplirá su pacto en ti, aunque el tiempo haya pasado y sea en demasiado tarde. El ya decidió que así será, a pesar que ahora todo lo tienes en contra. Ahora lo consideras increíble e imposible, pero no es así. Mira lo que te dice ahora:
“Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará? Isaías 43:13. Grábate bien estas palabras: Nadie será capaz de estorbarle.
No mires las circunstancias, no mires tus limitaciones diversas, mira a Dios como el Todopoderoso y Eterno, para quien nada es imposible:
“Porque nada hay imposible para Dios” Lucas 1:37.
Que esta verdad fundamental sea tu punto de partida, y créele contra todo pronóstico descansando en su poder sobrenatural:
“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”. Efesios 3:20;
sin embargo, es necesario crear las condiciones para que abras las puertas de las bendiciones que Dios ha preparado para ti desde siempre. De ti depende que las recibas.
Se trata de creerle y obedecerle. Si no le crees a Dios y le obedeces, las bendiciones que esperas no vendrán a ti

Tus palabras tienen poder.
Con tus palabras influyes positiva o negativamente sobre la vida de quienes las escuchan.
Tú tienes el poder de influir de forma positiva sobre tus compañeros, familiares y pareja. El poder está en tus palabras.
Dicen que lo que siembras cosecharás… siembra palabras buenas y la cosecha será buena.
¿Sabías que tus palabras tienen “poder”?
El efecto de las palabras que pronuncias sobre ti misma y sobre las personas que te rodean es inmenso. Con ellas puedes levantar y derribar, puedes herir o sanar.Tus palabras me aníman. Con ellas puedes darle la vuelta a una situación o por el contrario, continuar caminando por un mismo camino.
Las palabras son como una semilla. Cada vez que pronuncias palabras de derrota, frustración, desánimo y debilidad estás plantando estas cosas, creyéndolas y alimentándolas. ¡Cosecharás lo que sembraste!
Empieza a sembrar palabras de cariño, fuerza, energía y victoria. Habla de ti como la persona que quieres ser y llegarás a serlo. Cuanto más lo digas, más lo creerás… Y si tú te lo crees, lo conseguirás.
No le digas a tu hijo (por muy tentada que estés a hacerlo): “eres un desastre”, “no llegarás a nada”, “eres un vago”… porque cuanto más se lo digas, más se lo creerá. Dale palabras de ánimo, dile: “eres inteligente”, “tú puedes hacerlo”, “yo sé que lo conseguirás”… Nuestros hijos necesitan escuchar palabras que les hagan fuertes y no palabras que los destruyan. Aunque hoy no veas la evidencia de que puedan mejorar, si tú no crees en ellos, nadie lo hará.
Lo mismo ocurre con nuestras parejas. Si no haces más que decir “todos los hombres son iguales”, tu hombre sabrá que no esperas mucho de ellos. Dile que crees en el amor verdadero y duradero, que es especial. Regálale palabras de apoyo y de confianza. Cuando le dices: “sé que podrás con ello”, lo levantas, lo animas. Tu confianza será su motivación.
Recuerda que a veces necesitarás un poco de imaginación y tenacidad para enfocarte en lo bueno y no alimentar lo malo. Pero cuanto más uses tus palabras para sacar a la luz las cosas hermosas que hay en ti y en los tuyos, más fácil te resultará. Las semillas envenenadas son fáciles de pronunciar, pero es complicado convivir con “el fruto” que sale de ellas. Las semillas de belleza, sin embargo, dan lugar a todo lo que siempre quisiste en tu vida. ¡Ve a por ello! ¡Utiliza tus palabras con sabiduría y comienza a ser más feliz!

En el camino aprendí…que llegar alto no es crecer,
que mirar no siempre es ver, ni que escuchar es oír.
ni lamentarse es sentir, ni acostumbrarse es querer…
En el camino aprendí, que andar solo no es soledad
que cobardía no es paz, ni ser feliz sonreír.
Y que peor que mentir, es silenciar la verdad.
En el camino aprendí, que puede un sueño de amor
abrirse como una flor, y como esa flor morir,
pero en su breve existir, ser todo aroma y color.
En el camino aprendí que la humildad no es sumisión
la humildad es ese Don que se suele confundir:
NO ES LO MISMO SER SERVICIAL, QUE SER UN BUEN SERVIDOR.
Cuando vayan mal las cosas, como a veces suelen ir,
cuando ofrezca tu camino sólo cuestas que subir,
cuando tengas poco haber pero mucho que pagar,
y precises sonreír, aún teniendo que llorar.
Cuando el dolor te agobie y no puedas ya sufrir…
Descansar acaso debes, pero nunca desistir.
CUANDO TODO ESTÉ PEOR…
MÁS DEBEMOS INSISTIR.

El habla desmedida se pueden colar palabras que van desde las vanas y sin sentido hasta las que ofenden y destruyen.
Una palabra llena de celos introduce la desconfianza.
Una palabra con maldición destruye la nobleza del alma.
Una palabra hiriente hace llorar al amor.
Una palabra llena de entusiasmo levantará una actitud pesimista.
Una palabra llena de aliento alegra un corazón triste.
Una palabra de esperanza trae vida donde se acaban las ilusiones.
Una palabra de amor restaura a la persona ofendida.
Una palabra de paz puede ponerle fin a la discordia.
Una palabra oportuna puede detener el peligro.
Una palabra sabia puede enderezar el camino.
Una palabra de perdón libera al que está cargado.
Una palabra de consuelo quita el luto del corazón acongojado.
Una palabra de verdad puede descubrir la mentira.
Y una palabra dicha de honestidad disipa las dudas.